¿Qué son los probióticos y cómo ayudan en el crecimiento de los niños?

Si alguna vez has oído hablar de ellos, tal vez te hayas preguntado qué son los probióticos. En todo caso, su importancia para la salud de tu pequeño es gigante por lo que aquí te contaremos qué son, su historia, para qué sirven y que alimentos contienen probióticos.

Los probióticos (del griego pro, “a favor” y bios, “vida”) son bacterias benéficas que viven en el intestino humano, pero que también pueden suministrarse de fuentes externas, como suplementos e incluso algunos alimentos, si es necesario. En las cantidades y frecuencia adecuadas, los probióticos pueden mejorar la salud general de tu pequeño ya que equilibran la población de bacterias en el intestino, la llamada flora intestinal, y limitan la propagación de las que causan enfermedades.

Es normal que en el sistema digestivo existan microorganismos vivos , entre los cuales algunas bacterias se encargan de mantener sano el intestino e impiden la aparición de enfermedades. Si tu pequeño se acostumbra a consumir probióticos regularmente, creará el hábito de añadir microorganismos benéficos para su salud que hará más ligera su digestión y, por ende, fortalecerá su sistema inmunológico.

Los probióticos en la historia

Desde la Antigüedad se conocen los beneficios para la salud de consumir alimentos que contienen probióticos, como los productos fermentados; Hipócrates, el padre de la medicina, tenía esto en mente al decir “que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”. Un escritor y militar romano posterior, Plinio el Viejo, mencionó en su libro de Historia Natural que un buen remedio para tratar la gastroenteritis era administrar leche fermentada a quien la padeciera.

Una cosa, sin embargo, es cierta: ellos no sabían por qué funcionaban estos alimentos y, a decir verdad, nadie lo supo durante casi 2000 años hasta que se descubrió la asociación entre los probióticos y la salud. A principios del siglo XX, Henry Tissier descubrió bifidobacterias en el tracto intestinal de los bebés alimentados sólo con leche materna y observó beneficios clínicos al tratar la diarrea infantil con estas bacterias.

Por esa misma época, Elie Metchnikoff, zoólogo y microbiólogo ruso, observó que ciertas poblaciones en los Balcanes (sur de Europa) consumían gran cantidad de lácteos fermentados y vivían mucho tiempo; él se lo atribuyó a que los lácteos fermentados que consumían contenían lactobacilos que limitaban la producción de compuestos químicos de desecho por parte de las bacterias involucradas en la digestión de las proteínas. Aunque aún no se acuñara el término probióticos, es aquí donde nace un interés científico propiamente dicho por ellos.

A lo largo del siglo pasado y en diversos estudios se hallaron diferentes especies de posibles microorganismos benéficos y se determinó cuáles reportaban beneficios reales para la salud mientras se encontraba que otros ni siquiera podían sobrevivir en el intestino humano; así, en la categoría de probióticos entran bacterias del género Lactobacillus como L. acidophilus, L. casei, L. rhamnosus y L. johnsonii. El nombre de probióticos se les dio por primera vez en 1954 por oposición al de antibiótico ya que estos medicamentos no sólo destruyen bacterias responsables de enfermedades, sino que también arrasan con la microbiota o flora intestinal.

Una definición más amplia y con buena aceptación por parte de la comunidad científica la dio Roy Fuller en 1989. Para él, un probiótico es “un suplemento dietético a base de microbios vivos que afecta beneficiosamente al animal huésped mejorando su equilibrio intestinal”. Esta definición enfatiza la viabilidad biológica de los probióticos (es decir, su supervivencia en el cuerpo humano) y en su carácter benéfico para el organismo; también es, básicamente, la definición aceptada por la Organización Mundial de la Salud.

¡Ojo! Es muy importante que no confundas prebióticos con probióticos. Los prebióticos son fibras vegetales especializadas que actúan como fertilizantes para promover el crecimiento de probióticos cuando ya se encuentran en el intestino. Los prebióticos se encuentran en frutas y verduras ricas en carbohidratos complejos como la fibra y el almidón; estos carbohidratos no son digeribles por el cuerpo, por lo que pasan a través del sistema digestivo para convertirse en alimento para las bacterias benéficas.

Algunos alimentos que contienen prebióticos son los granos integrales, el plátano, las hortalizas de hoja verde, la cebolla, el ajo, la soya y las alcachofas. Además, algunos suplementos alimenticios que contienen probióticos también están adicionados con prebióticos.

¿Qué alimentos contienen probióticos?

Hay algunos alimentos que contienen probióticos por su naturaleza mientras que otros son enriquecidos con ellos; es muy probable que tu pequeño, de hecho, ya consuma probióticos sin saberlo. A continuación, te mostraremos algunos ejemplos:

Yoghurt

El yoghurt, fuera de toda duda, es el más común entre los alimentos que contienen probióticos y, además, es uno de los más populares entre los niños. Ten en cuenta que no todos los yoghurts en el supermercado contienen probióticos que no hayan sido inactivados por pasteurización o que hayan sido añadidos después de este proceso. Por esta razón, y también para cuidar que tus pequeños no estén consumiendo un exceso de azúcares añadidos, es importante que revises la información nutrimental y el contenido de probióticos antes de comprar un yoghurt.

Aceitunas y otros encurtidos

Las aceitunas en salmuera y otros encurtidos son vegetales que, después de un proceso de salazón, se convierten en aperitivos muy valorados en la dieta mediterránea; debido a cierta fermentación que experimentan, este tipo de conservas contienen bacterias vivas.

Si bien no es muy probable que sean la opción favorita de tu pequeño, ten en cuenta que ofrecen grandes beneficios aparte de ser una fuente excelente de probióticos para niños. Por ejemplo, las aceitunas tienen propiedades antioxidantes, calman el apetito y refuerzan el sistema inmunológico.

Microalgas

Las microalgas como el kombu, la clorela o la espirulina, típicas de la dieta japonesa, son fuente de probióticos y otros nutrientes. Puedes añadirlas a caldos, ensaladas o sopas; incluso puedes hacer smoothies con ellas.

¿Cómo saber si un producto contiene probióticos o no?

Un alimento o suplemento alimenticio contiene probióticos si no perjudica a la salud más de lo que la beneficia; si las bacterias benéficas que contiene se pueden añadir a las paredes del intestino y colonizarlas para influir favorablemente en los procesos metabólicos y en la respuesta inmunológica, y si existen investigaciones rigurosas que incluyan análisis clínicos que certifiquen sus propiedades.

Como podrás notar, adelantamos algunos de estos criterios al hablar de la historia de los probióticos y son muy importantes para que identifiques los alimentos que contienen probióticos y que tu pequeño puede consumir.

¿Para qué sirven los probióticos en niños?

Ya hemos visto que la primera utilidad de los probióticos fue el tratamiento de la diarrea aguda infecciosa, pero también son útiles para prevenir la asociada a antibióticos ya que refuerzan la flora intestinal. Por otro lado, parecen ser también útiles en el tratamiento de algunas enfermedades inflamatorias intestinales, para mejorar los síntomas asociados a la mala digestión de la lactosa y para prevenir la enterocolitis necrotizante en recién nacidos prematuros.

La prevención y el tratamiento de estas condiciones no son, según parece, las únicas situaciones en las que los probióticos son útiles. Se reportan algunos casos en los que la administración de alimentos que contienen probióticos disminuyó los síntomas del asma y otras enfermedades alérgicas y atenuó la gravedad e incluso previno infecciones en recién nacidos prematuros y la aparición de tumores, así como disminuyó los niveles de colesterol. En niños sanos parece que, además, el consumo de probióticos reduce los episodios de fiebre y la duración de los resfriados, pero no su frecuencia.

Ten en cuenta que estas afirmaciones requieren investigación adicional que las respalde y no implican, por lo tanto, que los alimentos que contienen probióticos reemplacen al tratamiento médico de estos problemas.

¿Qué es la flora intestinal?

La flora o microbiota intestinal es un conjunto de microorganismos que viven en simbiosis con nuestro cuerpo: mientras el intestino humano les ofrece condiciones óptimas para que proliferen, la gran mayoría de ellas cumple con funciones que van desde la digestión de algunos nutrientes complejos hasta la eliminación de bacterias perjudiciales.

La flora intestinal está compuesta por aproximadamente 100 billones de bacterias, una cantidad 10 veces mayor que el número de células humanas presentes en nuestro cuerpo; pertenecen a 500 y 1000 especies diferentes (si bien 30 o 40 de ellas componen la gran mayoría) y el 95% de ellas vive en el colon.

En total, la flora intestinal pesa hasta 2 kg, más o menos lo mismo que nuestro hígado; su importancia es vital porque desarrolla funciones esenciales para nuestro organismo. De hecho, nuestra existencia sería muy complicada sin ella y posiblemente viviríamos menos tiempo y mucho peor.

Es importante saber que nuestro sistema digestivo tiene una superficie de 300 m2, casi tanto como una cancha de tenis. Es el órgano más en contacto con el exterior y, por lo tanto, el más susceptible de ser atacado por agentes patógenos. De hecho, la mayoría de nuestras defensas se encuentran en esta zona para protegernos y parte de ese sistema de defensa son los componentes de la flora intestinal.

¿Qué funciones tiene la flora intestinal?

Las bacterias de la flora intestinal realizan tareas esenciales de tres tipos en nuestro organismo:

  • Nutricionales: favorecen la síntesis de vitaminas como la K y las del complejo B y facilitan la absorción de calcio y hierro en el colon, así como el movimiento intestinal.
  • Protectoras: la microbiota intestinal impide que bacterias patógenas del exterior se adhieran a las paredes intestinales y provoquen infecciones.
  • Inmunológica: la flora intestinal mantiene activo y fortalecido al sistema inmunológico con lo que aumentan nuestras defensas frente a infecciones bacterianas y virales.

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L. casei es una especie de bacteria anaerobia que se encuentra en el intestino y boca de los humanos; produce ácido láctico y se emplea en la elaboración de alimentos que contienen probióticos por sus beneficios como:

  • Equilibrar la microbiota intestinal.
  • Favorecer una buena digestión: el ácido láctico segregado por las bacterias del género Lactobacillus regula los movimientos intestinales y favorece una mejor absorción de los nutrientes de los alimentos que consume tu pequeño.
  • Disminuye las molestias del estreñimiento: un buen movimiento intestinal facilita el transito y salida de desechos en nuestro sistema digestivo.
  • Previene infecciones gastrointestinales: al tener probióticos, fortalece la microbiota intestinal y hace más resistente a tu pequeño frente a infecciones intestinales.
  • Regula el sistema inmunológico: las bacterias benéficas del género Lactobacillus alertan a las células de defensa del organismo ante la presencias de agentes nocivos.